jueves, 18 de diciembre de 2008

Adriano, o la excusa de Adriano

Adriano, o la excusa de Adriano

La lluvia estaba perdida, evaporada y caliente. Una bruma huidiza presenciaba con ojos enormes el aspecto cansado y esquelético de Adriano. Él dejaba correr el agua por su andrajoso ropaje de piel castigada.

- No tengo nada que ocultar, si no me quieren no me importa - gritaba su conciencia, al tiempo que se regocijaba por sacarse de encima el estigma de la mugre.

-A mí sí me importa, no me gusta que me vean así – Adriano habría dicho en tono seguro y voz prepotente – una cosa es no tener plata, ni laburo, ni ganas de hacer nada y encima ser un mugriento de mierda. Nada sucedió, hasta que una conciencia reflexiva e irónica dijo, a ritmo lento:

- ¿no te parece que la felicidad no está en reflejo que te devuelven los otros; qué importan la imagen, el olor, el medio donde estás o el barro donde te revolcás?La bruma se espesó de golpe y el ambiente se volvió compacto. Adriano perdió por un momento la composición de lugar. Le pareció adivinar que desde la espesura una sonrisa sabiase desprendía mientras le susurraba:

- dejate llevar por mí, dejame que te limpie, entregame tus culpas oscuras, quiero que disfrutes de este baño líquido.Lo interrumpió la conciencia:

– ¡Estúpido, no te das cuenta que tu naturaleza es otra!. Tu camino ya está marcado de piedras negras, no desafíes tu programación. Sos un engranaje más del gran reloj, mecánico, rítmico y perecedero. Ya está todo escrito, viejo. ¿De qué sirve, dar vuelta la hoja? Una vena tomó formas retorcidas y emergió, dibujando meandros en el cuello de Adriano. Su mirada fue tan fuerte que atravesó el muro de la sala de baño. Era inconciliable lo externo con lo interno.

– ¡No puedo, no ves que no puedo!- gritó desesperado- no me miren, no hablen, no necesito de ustedes. No convivo con el Creador. Quiero salirme de la máquina. Quiero que la gente no se entere como soy. Quiero que me vean distinto y sentirme igual que ellos. Quiero ser contradictorio, tener fallas, tener un lugar propio, acercarme al sueño americano, discutir sobre metafísica, que se enteren lo que pienso sobre el lenguaje de las abejas, medir la hora atómica, observar a la osa mayor y los cráteres lunáticos desde un telescopio, usar un jean gastado, tener un amigo judío, cruzar el atlántico, ser parte de la horda humana y desgarrar mi ocio en un spa mientras una música breve se instala en mis oídos. Prefiero disfrutar el engaño a sufrir una verdad insoportable. Sólo eso quiero, sólo eso.

-Perdónalo Señor, todavía no puede ver que la aguja del reloj avanza- exclamó acústicamente la conciencia desde algún lugar. Adriano llevó sus manos a la cara, se sacó restos de espuma de jabón, abrió la canilla de agua fría y ventiló el lugar. La bruma ya no estaba y el espejo lo descubrió sin su propia mugre, limpio de culpa y cargo.

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