
Tendencias (publicado en Perfil)
Por Jorge Degui *
Los colores de moda, las nuevas formas, las telas fashion, los diseños de vanguardia, el tan mentado minimalismo, la cocina color frambuesa, la luminosidad, la energía, la curación feng shui, lo retro y otras tantas situaciones que se pasean en la pasarela de la decoración de interiores, forman parte sin lugar a dudas de un lenguaje clásico y de vanguardia en lecturas de actualidad. Una mezcla de creatividades temporarales que ha dado a luz una suerte de trascendencia más allá de lo meramente bello: la tendencia. En realidad, en todos los ámbitos del diseño se da año a año esta característica. En lo cromático, en la moda, los accesorios de moda, la arquitectura, la literatura, la música y tantos otros. Hay una tendencia, una fuerza que impulsa, que avanza por encima de otras y se impone en la sociedad de consumo. Nuestra sociedad, particularmente consume la propuesta general, no la replantea e ingresa en forma directa en la vida cotidiana con un formato hecho. Escenas tales como pasar frente a una vidriera, armada como referente de lo último en diseño y la irreparable tentación de copiarlo todo para adaptarlo al corner del departamento, es una práctica muy utilizada. Otra es ojear rápidamente una de las tantas revistas de decoración en plaza y detenernos en aquello que nos llama la atención, devorarlo para el plagio y trasladarlo automáticamente al living de casa. También es cierto que cuando caemos en la casa de alguien que lo renovó todo, que cambió hasta el color del cubrecama, se nos presenta en la mente unas ganas bárbaras de imitación. Si visitamos un shopping, nos detenemos frente a los stores de decoración y dejamos que un disparador de infinitas propuestas de objetos, texturas y materiales, se dispongan a ocupar un lugar en nuestra casa. Y qué decir de las vidrieras de iluminación, con arañas sofisticadas, lámparas de aluminio opaco, artefactos plásticos de diseñadas morfologías con esa luz cálida que se mezcla por algún lado y no sabemos dónde instalarla, pero nos gusta de sobremanera. Si hasta cuando visitamos los interminables lofts de Casa Foa, no dejamos de pensar un minuto en que cada espacio nos pertenece, mientras una mirada ávida por atesorar esos diseños recorre cada detalle de los ambientes. A todo esto, alguien introdujo la tendencia, la inclinación al cambio, la sugerencia de la reforma, de la transformación, “el estar en onda”, el consumo de lo nuevo, que algo sea la vedette del momento y que estemos pendientes de ese objeto de deseo. El minimalismo es algo así como el nuevo paradigma de estas latitudes, sectores de descanso visual, monocromáticos, limpios, abiertos, con pocos muebles, las formas reducidas a lo fundamental. También está aquello de estilo tradicional o puro que heredamos de la abuela, que se recicla en un escenario moderno para una combinación de lo nuevo y lo viejo, vale decir, lo retro. Y nunca falta el toque romántico puesto en algún sector, donde armonizan la naturaleza y el ambiente, lo intimista y lo calmo. Es obvio que lo clásico siempre está, es inamovible, mucho glamour y elegancia en cada detalle. Después de este panorama, un tanto disperso, de las distintas fotografías a seguir en el interior de nuestros propios espacios, la pregunta es: ¿Debemos seguir a las tendencias? Todo dependerá de nuestra forma de ser, de lo que queremos mostrar y con lo que contamos. Incorporar una tendencia implica aceptarla, entenderla y fundamentalmente sentirse cómodo con ella. El poder socioeconómico, la cultura, los contactos y el momento que uno está viviendo también son factores de importancia a la hora de ambientar un espacio. Si se adopta por ejemplo, lo extremadamente decorativo o un estilo resueltamente cercano a lo experimentado en la Gran Bretaña de la Reina Victoria en las postrimerías del siglo XIX, debemos estar hablando de un alto poder adquisitivo, que a la vez nos permita contratar un profesional entendido en el tema para un asesoramiento puntual. Pero vamos a apuntar un nivel intermedio, a los que compran las revistas, los que miran las vidrieras, los negocios de objetos con diseño y tienen el deseo absoluto de experimentar un cambio en su hábitat tradicional. Separados, casados, con hijos o sin ellos, todos pueden largarse a la aventura de la decoración. Pueden hacerlo solos o también pueden acceder al asesoramiento de un entendido. Si lo hacen solos, deben tener muy en claro lo que quieren, saber discernir en el abanico de oportunidades. No salir a la caza de elementos discontinuos, y definitivamente incombinables que los conduzcan al no-disfrute de lo nuevo. Si optan por la consulta, no se dejen conducir, discutan lo propuesto, exijan claridad. Hablen de sus costumbres, de lo que quieren que permanezca o no, impongan su personalidad, la compatibilidad con la tendencia del momento, expresen el disfrute de los colores, cuenten todo lo que quieren y confíen en una buena propuesta a punto de sentirla propia, original. No siempre es necesario cambiar todo. Un color nuevo en una pared, otra distribución de los espacios y una buena elección de objetos, pueden resultar increíbles aciertos a la hora de renovarse. Nada mejor que sentirse actualizado con un toque personal. Y quizá sin darnos cuenta estemos generando tendencia.
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