
¿Duele menos si se cree en Dios, o duele menos si nos engañamos mejor?
Según Katja Wiech, "los católicos fueron capaces de activar un mecanismo cerebral que sabemos está involucrado en la analgesia y la supresión emocional". Según Jorge Degui, que en el 96 se emocionó con el retrato de La Dama con Armiño de Leonardo da Vinci, de la misma forma que se emocionó cuando visualizó la serpiente emplumada en México, las pirámides de Egipto y la Catedral de Chartres a la orilla del Sena, dijo lo siguiente: “Está totalmente comprobado que los mecanismos cerebrales reproducen realidades construidas por el propio sujeto. Las personas han captado un orden social, han sido preñadas por el lenguaje y las significaciones imperantes de la cultura y la época. Se tiene que creer en algo, no podemos no hacerlo. Hay grandes cosas sin respuestas y necesitamos responderlas para que no nos angustien. Si no la tenemos, la inventamos. Claro que duele menos el engaño. Pero si sirve para sostenernos en este mundo simbólico, tengamos fe en algo, seamos poseedores de una verdad, inventemos un ser superior, divinicemos libros sagrados, escuchemos voces del más allá o lo que sea para ayudar a aguantar el dolor. Y todo para qué. Para que al pie de nuestra hora final, alguien se acerque y murmure la consabida frase hecha: “No somos nada”. Los científicos sugieren que la gente que no es religiosa, puede lograr esa capacidad de controlar el dolor por medio de meditación o de otras estrategias mentales similares. Podrían agregar lo siguiente: No se necesita ser religioso para controlar el dolor, sólo se necesita ser alguien que con cualquier estrategia, pueda soportarlo.
Según Katja Wiech, "los católicos fueron capaces de activar un mecanismo cerebral que sabemos está involucrado en la analgesia y la supresión emocional". Según Jorge Degui, que en el 96 se emocionó con el retrato de La Dama con Armiño de Leonardo da Vinci, de la misma forma que se emocionó cuando visualizó la serpiente emplumada en México, las pirámides de Egipto y la Catedral de Chartres a la orilla del Sena, dijo lo siguiente: “Está totalmente comprobado que los mecanismos cerebrales reproducen realidades construidas por el propio sujeto. Las personas han captado un orden social, han sido preñadas por el lenguaje y las significaciones imperantes de la cultura y la época. Se tiene que creer en algo, no podemos no hacerlo. Hay grandes cosas sin respuestas y necesitamos responderlas para que no nos angustien. Si no la tenemos, la inventamos. Claro que duele menos el engaño. Pero si sirve para sostenernos en este mundo simbólico, tengamos fe en algo, seamos poseedores de una verdad, inventemos un ser superior, divinicemos libros sagrados, escuchemos voces del más allá o lo que sea para ayudar a aguantar el dolor. Y todo para qué. Para que al pie de nuestra hora final, alguien se acerque y murmure la consabida frase hecha: “No somos nada”. Los científicos sugieren que la gente que no es religiosa, puede lograr esa capacidad de controlar el dolor por medio de meditación o de otras estrategias mentales similares. Podrían agregar lo siguiente: No se necesita ser religioso para controlar el dolor, sólo se necesita ser alguien que con cualquier estrategia, pueda soportarlo.
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