jueves, 18 de diciembre de 2008

La cocina, pieza clave


La cocina, pieza clave
Por Jorge Degui

El Homo Erectus, descubrió casualmente el fuego gracias a la fricción de dos palos entre sí, pero pasaría un millón y medio de años antes de que John Waiker, un químico británico, produjera el fuego instantáneo con la fricción de una cerilla contra una superficie áspera, parecida a la de nuestros días en una caja con 222 fósforos de madera. En los tiempos prehistóricos, el hombre preparaba su comida sobre una hoguera, utilizando los utensilios rudimenta­rios como cuencos de piedra para los líquidos, un mortero para pulverizar sales y hierbas, y superficies duras para cor­tar la carne asada en una varilla de hierro. Luego, la cocina se modernizó con el invento de las vasijas de barro. Griegos y romanos, innovaron más en materiales que en objetos. Bandejas de oro, copas de plata y botellas de cristal para los ricos. Platos de barro y copas de cuernos de carnero vaciados para los pobres. En la edad Media, debido a las dificultades de subsistencia, las familias se agruparon y la vida se hizo más comunitaria. La cocina con sus alimentos y el calor que ofrecía su fuego, se convirtió en la habitación más espaciosa y frecuentada de la casa. Como vemos, desde viejos tiempos, se trató de un polo de atracción de la casa y nadie debería ponerlo en duda, de hecho se vive a su alrededor.
De la vieja cocina sin agua corriente, con fuego de leña y a veces maloliente, se ha pasado a la a la pulcritud de casi una máquina para cocinar. Microondas de por medio, una energía electromagnética pura que agita las moléculas de agua de los alimentos, el sector se ha convertido en algo aséptico, higiénico y de fácil uso. Basta apretar un botón y el trabajo se hace por nosotros. Conforme al avance para cocinar, en estos tiempos paradigmáticos de la salud y la estética, parecería ser que cada vez se come menos. Un ritmo de vida más activo, se empecina en transformar las costumbres y reemplazar lo elaborado por el delivery. Sin embargo, voces como la de Martiniano Molina, nos hablan de una cocina con identificación barrial: “la comida como punto de encuentro con los seres queridos, como medio para comunicarse, y como una forma de brindar afecto”. Parece que todo evoluciona rápidamente en materiales y objetos, pero hay algo que queda siempre en las costumbres que nos constituyen. Qué es la cocina, sino “el lugar” que articula el resto de las funciones. Una casa no es una casa si no tiene cocina. Es un órgano importante de su cuerpo. Podemos dormir en un sofá, leer en el balcón o mirar TV en un pasillo. Pero cocinar, se cocina en la cocina.
Napoleón decía: “un ejército marcha sobre sus estómagos”, y sobre ésta frase surgió la técnica para cocinar, esterilizar y embotellar alimentos. Desde entonces, se sumaron los primeros cacharros para cocina esmaltados de blanco, que se podían limpiar con facilidad. La porcelana fue así, el teflón del siglo XVIII. Luego, un británico que se dedicaba a la fundición de hierro, patentó una cocina de calentamiento uniforme. Mucho más tarde, apareció una máquina-robot que presentaba una suerte de accesorios intercambiables como exprimidor, rueda para amasar, molinillo, abrelatas y centrifugadora. El mercado consumista incentivó a la competencia y en los setenta una pequeña maquinita nos deleitó con sus capacidades para moler, triturar, desmenuzar, cortar, reducir a puré, pulverizar, mezclar, licuar y depende de la combinación de botones, algún otro verbo en infinitivo. De Waterloo a la “batalla de los botones”, pasando por las dionisíacas reuniones de Tupperware, donde un blando y flexible material se convertiría en un fiel amigo de nuestra cocina. Infinidad accesorios se han pasado y pasarán por los anaqueles de una cocina. Tranquilamente se puede comparar las tareas que aquí se desarrollan con las de un laboratorio. Siempre se puede consultar alguna fórmula o vieja receta.
También hoy se le suma a la cocina algunas actividades anexas como un rincón de comidas rápidas, de trabajo, de deberes de los niños y de sector de juegos, recomponiendo un lugar social y de relax. La cocina es sin lugar a dudas una pieza clave, un centro vital, el ombligo mismo de la vivienda.
Recomendaciones:
Dividir la cocina teniendo en cuenta en triángulo de trabajo. Un sector que integra las áreas más importantes: preparación de alimentos, cocción y lavado.
Los sectores de guardado de vajillas, deben estar cerca de la preparación y cocción de alimentos.
Los sectores de guardado de alimentos secos y no perecederos, deben estar separados de zonas calientes y húmedas.
Un espacio para lo divertido. Que todos disfruten de los olores, las formas y el encanto de la producción. Cautivar a los comensales hasta que la cena esté servida.
Imprescindible un foco de luz natural y aire.
No tener miedo a exhibir platos, jarros, tachos, vasos, que personalicen el ambiente.
No olvidar armarios altos y estrechos para elementos de limpieza como escobas, palos de piso, baldes, etc. No estar a la vista, imprimen sensación de orden y limpieza en el sector.
Iluminación: la luz debe dar directamente encima de de los planos de trabajo y no debe encandilar al que prepara la comida. En la mesa, luz indirecta. Focos de fondo plateado que rebotan en la pantalla y reverberan luz cálida sobre la mesa.
El diseño de las cocinas es muy variado. Siempre todo cerca y todo útil, con máximo aprovechamiento del espacio. La clásica, de bajo mesadas y alacenas laminadas; revestida en azulejos blancos y piso cerámico. Algunas con granito o acero inoxidable mate unificando todos los muebles. La cocina lujosa, como el resultado de un buen proyecto y calidad de materiales. La utilización de la madera siempre le da un toque de nobleza. Una cocina jugada, con colores fuertes y posiciones inusuales de muebles y mesas es otra de las opciones. La cocina con estilo campo: madera rústica y buenas ideas decorativas con cristales o lozas antiguas. Y por supuesto la cocina minimalista, donde las líneas despojadas de sus muebles, electrodomésticos de última generación y escasos objetos a la vista, brindan una imagen de absoluta pulcritud y orden.

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