viernes, 3 de abril de 2009

Abril


Siempre en Abril

Fue en abril, un otoño enrarecido
Yo quería ese moderno fusil de veinte tiros a repetición.
Conocía su interior, su frío metal, sus formas exactas
¡Le vacié tantos cargadores de fogueo!
Cientos de monedas sobre el caño para probar eficiencia
En el cálculo, en el pulso, en la mirada, en el tiro al blanco perfecto.
Pero me dieron un Mauser con cinco tiros
Fue en abril, un país oscuro.
Aplaudí cien cardos, comí granos con gusanos hervidos
Desayunos hirvientes de leche mezclada con barro y pan
Valoré la mordida de una manzana revolcada
El sonido de una orden conocida
Supe del valor de la contraseña,
Tanto como el pinchazo de picana para sostenerla
Estaqueado por ayudar a un estaqueado
Encarcelado por el ruido de un papel sobre mi barba
Insultado por leer “Juan salvador Gaviota”
Acuartelado para restaurar soberanía
Asistí a la quema de bibliotecas
Desalojé a familias a punta de bayoneta
Me robaron el equipo y robé otro equipo.
Limpié letrinas y botas con el mismo cepillo
Si el humo delataba posición, el pucho se apagaba en mi palma
Siempre perseguido por la sensación del ojo acusante
Era autómata sin nombre obedeciendo al poder
A la espera del último comunicado
Al grito del Cabo, al alarido del Sargento
Y al tono temido del frustrado Teniente
Una carne dispuesta para comida de las parcas
Un sirviente en la contracultura
Enfundado en tela verde y casco al tono
Borraron la cinta de mi pasado
Asumí una felicidad ficticia, acepté la superioridad del hombre
Me hice cargo de la palabra honor
Y ya nada fue igual
Cambió mi realidad, mi estructura social, dejé al ciudadano
Y con dieciocho años, me convertí en soldado de la Patria.
El pueblo no escuchó las voces del demócrata
Y el micrófono del poder, desde sus paredes rosadas, reprodujo las palabras:
¡Si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla!
Sólo me di cuenta que no estaba muerto a los años
Cuando descubrí en el cenotafio de plaza San Martín
Que mi nombre no estaba en la lista de los caídos
Desde entonces, cada otoño me busco en infinitos sueños freudianos
Mezclados entre cardos florecidos, saludo uno, saludo dos, leches chocolatadas,
Pelos en mi barba, zapatillas de tela verde reciclada, ideas multicolores,
Salvas de gaviotas surcando escenografías blancas y azules.
Sólo en abril entendí que no soy un héroe y que estoy vivo.