martes, 16 de diciembre de 2014

Lo que quiero ahora


Es muy poco, casi nada diría. Creo que con un par de miradas a mis ojos ya me bastaría. Quiero poder escribir los mejores cuentos breves con mi bajada de línea y dibujarlos en blanco y negro. Recuperar mis libertades enjauladas y abrir otras cárceles. No alejarme de mis estructuras, pero bucear en todas las otras. Amar a mis propios laberintos, para no perderme y encontrar siempre la salida. Valorar más a mis amigos, amores, familia para tenerlos siempre. Trabajar a diario en lo que me gusta. No perder mis objetos, mis circunstancias ni mi entorno inmediato. Recordar siempre a mis muertos, mi lugar de origen y mis fotos viejas. Quiero volver a cruzar el gran charco para ver lo que sintió Marco Polo. Quiero que se venga un cambio para chequear mis resistencias. Mirar hacia arriba, a lo celeste y cerciorarme que todavía se puede. Seguir creyendo en un crisol de creencias desencontradas y que no me importe nada. Ser invisible a lo que no me importa y visibilizar lo que quiero. No perder la posibilidad de llorar cada tanto; eso limpia la mirada y la mirada limpia es lo que me hace mirar mejor entre el humo de las chimeneas urbanas. Quiero ser feliz, pero la felicidad no existe todo el tiempo, es sólo un estado emocional breve que me pasa cada tanto y sirve para estimular mi existencia. No obstante quiero ser feliz siempre. Es muy poco lo que quiero, casi nada diría.

La del sacón rojo

Ella irrumpió preguntando por el Sr. Smith -¿Dónde está el Sr. Smith, dónde está el Sr. Smith, dónde está el Sr. Smith? - Nos miró a todos sin mirarnos y hablando muy rápido casi en un texto automático y como invocando la palabra de Jesucristo, insistía en su búsqueda. Todos salimos de nuestras ocupaciones por un momento.  La de enfrente dejó su celular sobre la mesa, yo dejé de traducir a San Agustín de Hipona y los mozos detuvieron sus bandejas. -¿Dónde está el Sr. Smith, dónde está el Sr. Smith, dónde está el Sr. Smith? -Dos poetizas, sentadas a mi izquierda, atraparon  sus textos en poemas, tras mirarse cómplices. Es que “La enviada”, nos cambió el aire a todos y todo estuvo interrumpido unos segundos, incluso el aire. Yo creo que hasta las moscas que revoloteaban por ahí unos instantes antes, cesaron sus aleteos. Todo se detuvo:  el aroma de las medialunas recién horneadas, los chillidos de dos niños del pelotero de arriba, el balanceo de los potus, el humo del café cortado, la hoja ajada  del diario que todos ojean,  la voz gangosa de una vieja profesora free lance de francés, el posnet, wi fi y hasta la toma de decisión de la propina. Se los aseguro, todo se detuvo. De pronto,  La enviada nos miró a todos y casi como  rompiendo el encanto dijo: -¡bueno, no está el Sr. Smith- Y salió expulsada por su propia inercia a la esquina de Paraguay y Escalabrini Ortiz, dejando una estela colorada a su paso, pues el Sr. Smith, obviamente había faltado a  su cita.

La del sacón rojo

Ella irrumpió preguntando por el Sr. Smith -¿Dónde está el Sr. Smith, dónde está el Sr. Smith, dónde está el Sr. Smith? - Nos miró a todos sin mirarnos y hablando muy rápido casi en un texto automático y como invocando la palabra de Jesucristo, insistía en su búsqueda. Todos salimos de nuestras ocupaciones por un momento.  La de enfrente dejó su celular sobre la mesa, yo dejé de traducir a San Agustín de Hipona y los mozos detuvieron sus bandejas. -¿Dónde está el Sr. Smith, dónde está el Sr. Smith, dónde está el Sr. Smith? -Dos poetizas, sentadas a mi izquierda, atraparon  sus textos en poemas, tras mirarse cómplices. Es que “La enviada”, nos cambió el aire a todos y todo estuvo interrumpido unos segundos, incluso el aire. Yo creo que hasta las moscas que revoloteaban por ahí unos instantes antes, cesaron sus aleteos. Todo se detuvo:  el aroma de las medialunas recién horneadas, los chillidos de dos niños del pelotero de arriba, el balanceo de los potus, el humo del café cortado, la hoja ajada  del diario que todos ojean,  la voz gangosa de una vieja profesora free lance de francés, el posnet, wi fi y hasta la toma de decisión de la propina. Se los aseguro, todo se detuvo. De pronto,  La enviada nos miró a todos y casi como  rompiendo el encanto dijo: -¡bueno, no está el Sr. Smith- Y salió expulsada por su propia inercia a la esquina de Paraguay y Escalabrini Ortiz, dejando una estela colorada a su paso, pues el Sr. Smith, obviamente había faltado a  su cita.

Creo en vos


Ese día la vida sólo estaba ahí
Arrojada al mundo que nos muestran
No sé si es cierta o es metáfora
Si es espejo o reflejo de agua estanca
Pero en su orilla apareció ella
La dura encrucijada
Entonces la vida fue supervivencia
Se hizo corta, incierta
No quedaron ni las alegorías
Me asomé por otro cristal
Hubo otro mensaje y otra meta
Los colores poco importaron
Las razones no existieron
Se fueron todos los proyectos
Los viajes, las miradas y las letras
Sólo el amor de ustedes se quedó
Se clavó como una estaca interna
Que perfora, que duerme conmigo cada noche
Me abraza, me mantiene y a la vez me inquieta
Vi resquebrajarse las paredes
Y destrozados los sueños
Lo que no veía, ahora estaba frente a mis ojos
De pronto se apagaron las luces
Y la noche cayó irremediable en la almohada
Pero no se duerme o se duerme por cansancio
Y lo pensás todo el tiempo, siempre está ahí
En todo momento, en cada reflexión
No se avanza, el tiempo se detiene
Y nada significa algo
Te preguntás cómo contarlo, cómo enfrentarlo
Cómo sigue el camino
Cómo esperás el día, la hora
Y de pronto la luz que vuelve
Se encienden los colores
Se retoman aquellas palabras
Se reanuda la sonrisa, se respira claro
Se retiran las sombras
Los muros protegen otra vez
Ustedes recuperan el aliento
Y yo vuelvo a creer.

Incluirme, incluite

La inclusión es pertenecer a un lugar y usufructuar con ese "privilegio", sino estamos excluidos. Pertenecemos en la medida que accedemos al derecho, a lo laboral, a la educación, tecnología, salud, protección, etc. La sumatoria de privaciones y la creencia de que se puede decir todo sin que haya consecuencias, alienta a la discriminación. El de arriba empuja al de abajo, la corporación hunde al profesional, el blanco contra el negro, el doctorado por encima del maestro, colegio privado vs. colegio público, heteronormalidad vs. diversidad sexual y todos tiran de la cuerda vertical. En el medio, quedan los marginados de todos los tiempos, en donde la mirada horizontal se esfuma y la cohesión social se debilita. Ese lazo social que nos debería unir, nos separa. Y cuando la cosa se pone espesa, el enojo colectivo saca lo peor de nosotros y levanta los diques de contención. Y ahí nos damos cuenta si estamos excluidos o incluidos. De lo que no nos damos cuenta es que todos somos responsables.

2015


Sobre frases hechas, sobre lo que siempre repetimos y sobre lo que nos dijeron.
“A los 52 años se renace” decían los Mayas; “cualquier tiempo pasado fue mejor” dijo un tal Manrique y frases como “cambia, todo cambia” o “el sol sale para todos” son ejemplos de lo que muchas veces decimos. Pero la frase “año nuevo, vida nueva” se repite siempre para esta fecha. Hay una suerte de manifestar el propósito de cambiar usos y costumbres. Quizá como código de saludo para decir que con solo cambiar de año, se generarán buenas expectativas. Casi siempre el año nuevo es la celebración de un logro que aún no existe, un festejo sobre el final de un año de mochilas acumuladas y la renovación de una esperanza cultural que se reajusta cada 365 días.En las culturas de muchos pueblos, los cambios traen debajo del brazo los tres puntos básicos de la felicidad que el hombre cree necesitar: salud, dinero y amor. Los cambios de estación nos hablan de la renovación climática para caer en el eterno retorno y volver a empezar. Como que siempre se vuelve a lo mismo, y la rematamos con la frase “siempre que llovió, paró”. Sin embargo podemos animarnos a cambiar y “que no nos quite el sueño”, podemos hacer planes para “dar una vuelta de tuerca”, y podemos creer que Dios tiene un plan para nosotros y no por eso ”poner el grito en el cielo”.

Y he aquí lo nuevo, lo que aparece como adjetivo referido a lo que aún no se ha estrenado y lo deseamos al pié del arbolito. Por ejemplo: -Necesito un i-phone ya; el que tengo ahora está viejo – Y así seguimos pendientes del consumo de última generación. Año nuevo, regalo nuevo. Dispositivos para monitorear el estado de salud a través de relojes especiales o una PC del tamaño y espesor de una hoja A4. Ya no queremos un guiso de lentejas contenido en una gragea, dado que no logra saciar el impacto visual y pasamos a la espera de la impresora 3D donde seleccionamos, por ejemplo, una comida china lista para un almuerzo nutritivo. Y entonces nos sentamos en una silla virtual esperando el desarrollo de la teletransportación. Exagerar el deseo de lo top, top, top, a veces es toc, toc, toc, que no necesariamente es golpear una puerta tres veces, sino una adictiva ansiedad recurrente y otra vez el eterno retorno. ”Llenar el vacío con lo material no me hace más feliz; me hace menos triste el vacío”.
Finalmente, me quedo con una frase de mi abuela Lita, experta en degustaciones, que como excusa para festejar decía:”hoy es fiesta”. ¡Cuánta razón tenía mi abuela gorda! Y sí, cualquier día es fiesta, en cualquier momento. Está en nosotros la fiesta, el festejo y las ganas. ¿Para qué esperar a fin de año para saborear un pan dulce? Yo festejé antes y lo hice porque entendí que cada día hay que vivirlo como si fuera una fiesta y decir gracias, gracias, gracias. ¡Nunca olviden ser felices hoy! 
Para el 2015 les deseo lo más importante del mundo sin necesidad de comprarlo: la felicidad, un sueño realizado o simplemente un gran amor.