jueves, 23 de diciembre de 2010

2011

Parece mentira que siempre exista un texto para fin de año. Como hay un árbol, un regalo, un gordo de navidad, una botella en el freezzer o simplemente un sueño. Claro, también hay lo otro: un techo que falta, una mirada triste, un pan duro y una mano extendida para una moneda. Pero bueno, también nos estamos acomodando mejor, hay más libertad y hay más ofertas de plasmas y LCD en el supermercado. Sin embargo debo recordar al que me robó los electrodomésticos en septiembre y al que se apropió de mi notebook, los cheques, los anteojos y mis documentos en diciembre. No nos olvidemos del que se fue y los que quedamos; la que tiene carterita de Miami y la que la tiene de la Salada; el derecho y el torcido; el que corta la calle por un trabajo y el que quiere atravesarla para ir a trabajar; el que se casa con otro y la que se casa con otra; el diario de impacto mediático y el que dispara compromiso político, el del voto positivo y el del voto no positivo; el que parcela un parque y el que lo defiende a cascotazos; la que ve todo apocalíptico y la que no ve el apocalipsis, el que devolvió U$S 50.000 y el que lo recompensó con $30; el que mira “Bailando por un sueño” y el que muere por la ficción; los incluidos y los excluidos de siempre, el que es influido por la sociedad y el que es pisoteado por un grupo, el que genera ídolos y el que genera ideas, el que tiene familia tradicional y el que la tiene ensamblada. Somos de todo en un mismo paquete con moño colorado incluido. Amo a mi país, porque somos siempre tan cosmopolitas, excéntricos, multifacéticos, diversos, dialécticos, dueños de la verdad relativa, doctos en saberes varios, buenos vecinos latinos y tan defensores de la quintita propia que nada nos sacará esa huella primera de identificación. A todos les digo, pero fundamentalmente a vos: Mirame, me han sacado lo material, hasta la plancha marca Atma con vaporizador; pero todavía no lograron sacarme la felicidad. La escondí en un rincón de una aurícula, al lado del tabique interventricular que divide mi corazón izquierdo del derecho, muy cerca de donde pasan los impulsos eléctricos y no creo que alguien se anime a buscarla ahí. Para este año que comienza, deseo que todos busquen el mejor lugar para ser felices por siempre. ¡ ¡ ¡ F E L I C I D A D E S ! ! !

sábado, 4 de diciembre de 2010

Un gerundio, por si regresa


No estoy escribiendo, solo estoy pisando teclas

Recordando la construcción de algunas palabras

Pajarera, calabozo, parto, grifo, periscopio, adverbio

No redacto, sólo deshilacho letras

Matando un momento de pensamiento

No enloqueciendo, ni hablando para adentro

Miro mis manos sobre el abecedario desordenado

Hasta que salga el poema o solo una palabra con ruido

No la encuentro, no está cercana

Hoy no ha venido la musa, pero insisto

Solo estoy tecleando, tecleando

Ahí está, ese es el estrépito formato de verbo que siento

Que me cala el alma seca de poeta

Estoy tanteando

Trastabillo en una pasión que huye

Deambulo por sus orillas

Miro el texto que se escribe lento

No quiero ver lo otro

No quiero mirar

Tropiezo en la pantalla

No pienso hablarle

Recién pasó a mi lado, oí sus pasos

El aroma a pomelos y almendras de su piel

Puedo ver su fuego

Y la amargura en una estela interminable

El aire se corta en fragmentos de vidrios

Y una puerta se cierra con golpe.

Se escapa, se va con su obsesión pulcra

Me quedo con mi desorden, el barullo de papeles

El caos de letras y los abusos de mi soliloquio

No estoy escribiendo

Estoy llorando sobre el desconcertado alfabeto de teclas

Entonces, guardo mi alboroto, mis torres de babel

Mis excesos de ciencia y las líneas preparadas

Todo debe estar ordenado por si regresa en un gerundio.


Jorge Degui

martes, 19 de enero de 2010

Al final



La grieta de la profecía
El corte del magma seco
Un mugido callado
Un cerco de naturaleza
Raya sin geometría
Camino de sales
Pezones sin aguas
Primera advertencia.

Después los anillos de fuego
El gran eclipse
Una línea de planetas
Un calor agudo
Vapores
La destrucción
Y el viaje hacia afuera


Vacas mugiendo
Vacas silentes
Vacas pastando
Quizá algo han leído
De la profesía maya

Y ahora disfrutan

Lo exquisito del postre

Y sus sabores finales