Parece mentira que siempre exista un texto para fin de año. Como hay un árbol, un regalo, un gordo de navidad, una botella en el freezzer o simplemente un sueño. Claro, también hay lo otro: un techo que falta, una mirada triste, un pan duro y una mano extendida para una moneda. Pero bueno, también nos estamos acomodando mejor, hay más libertad y hay más ofertas de plasmas y LCD en el supermercado. Sin embargo debo recordar al que me robó los electrodomésticos en septiembre y al que se apropió de mi notebook, los cheques, los anteojos y mis documentos en diciembre. No nos olvidemos del que se fue y los que quedamos; la que tiene carterita de Miami y la que la tiene de la Salada; el derecho y el torcido; el que corta la calle por un trabajo y el que quiere atravesarla para ir a trabajar; el que se casa con otro y la que se casa con otra; el diario de impacto mediático y el que dispara compromiso político, el del voto positivo y el del voto no positivo; el que parcela un parque y el que lo defiende a cascotazos; la que ve todo apocalíptico y la que no ve el apocalipsis, el que devolvió U$S 50.000 y el que lo recompensó con $30; el que mira “Bailando por un sueño” y el que muere por la ficción; los incluidos y los excluidos de siempre, el que es influido por la sociedad y el que es pisoteado por un grupo, el que genera ídolos y el que genera ideas, el que tiene familia tradicional y el que la tiene ensamblada. Somos de todo en un mismo paquete con moño colorado incluido. Amo a mi país, porque somos siempre tan cosmopolitas, excéntricos, multifacéticos, diversos, dialécticos, dueños de la verdad relativa, doctos en saberes varios, buenos vecinos latinos y tan defensores de la quintita propia que nada nos sacará esa huella primera de identificación. A todos les digo, pero fundamentalmente a vos: Mirame, me han sacado lo material, hasta la plancha marca Atma con vaporizador; pero todavía no lograron sacarme la felicidad. La escondí en un rincón de una aurícula, al lado del tabique interventricular que divide mi corazón izquierdo del derecho, muy cerca de donde pasan los impulsos eléctricos y no creo que alguien se anime a buscarla ahí. Para este año que comienza, deseo que todos busquen el mejor lugar para ser felices por siempre. ¡ ¡ ¡ F E L I C I D A D E S ! ! !
De ninguna manera seré comparado con un tal Iván Ramírez Orcajo. Ni siquiera cuando las crónicas apócrifas enreden mis nombres.No me interesará literatear textos en claves inconexas, ni una narrativa exenta de imágenes surrealistas.Jamás comeré tomates con hierbas tibias ,ni las habas. No lavaré los platos, ni los trapos, ni sopapos, ni los sapos. No tendré voz de pito, ni flequillo, ni ojos negros. Quieron que sepan que no me presentaré, ni en vivo, ni en internet.
jueves, 23 de diciembre de 2010
sábado, 4 de diciembre de 2010
Un gerundio, por si regresa

No estoy escribiendo, solo estoy pisando teclas
Recordando la construcción de algunas palabras
Pajarera, calabozo, parto, grifo, periscopio, adverbio
No redacto, sólo deshilacho letras
Matando un momento de pensamiento
No enloqueciendo, ni hablando para adentro
Miro mis manos sobre el abecedario desordenado
Hasta que salga el poema o solo una palabra con ruido
No la encuentro, no está cercana
Hoy no ha venido la musa, pero insisto
Solo estoy tecleando, tecleando
Ahí está, ese es el estrépito formato de verbo que siento
Que me cala el alma seca de poeta
Estoy tanteando
Trastabillo en una pasión que huye
Deambulo por sus orillas
Miro el texto que se escribe lento
No quiero ver lo otro
No quiero mirar
Tropiezo en la pantalla
No pienso hablarle
Recién pasó a mi lado, oí sus pasos
El aroma a pomelos y almendras de su piel
Puedo ver su fuego
Y la amargura en una estela interminable
El aire se corta en fragmentos de vidrios
Y una puerta se cierra con golpe.
Se escapa, se va con su obsesión pulcra
Me quedo con mi desorden, el barullo de papeles
El caos de letras y los abusos de mi soliloquio
No estoy escribiendo
Estoy llorando sobre el desconcertado alfabeto de teclas
Entonces, guardo mi alboroto, mis torres de babel
Mis excesos de ciencia y las líneas preparadas
Todo debe estar ordenado por si regresa en un gerundio.
Jorge Degui
martes, 19 de enero de 2010
Al final
La grieta de la profecía
El corte del magma seco
Un mugido callado
Un cerco de naturaleza
Raya sin geometría
Camino de sales
Pezones sin aguas
Primera advertencia.
Después los anillos de fuego
El gran eclipse
Una línea de planetas
Un calor agudo
Vapores
La destrucción
Y el viaje hacia afuera
Vacas mugiendo
Vacas silentes
Vacas pastando
Quizá algo han leído
De la profesía maya
Y ahora disfrutan
Lo exquisito del postre
Y sus sabores finales
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