lunes, 23 de diciembre de 2013

2014

2014
A veces no tengo idea del mundo que quiero, ni lo que quiero más allá del año que va a empezar. Entonces recurro a las recetas ya escritas de deseos y felicidades prometidas  que desafiamos cada año sin comprobar si fueron efectivas. Por eso este año nuevo no quiero nada que ya esté dicho, quiero que me sorprenda, que  me ilumine, quiero trascender; ir más allá de un simple pedido. Quiero saber que estoy vivo, que puedo seguir, sentir, sostener y cabalgar sobre los cuatro jinetes,  si quisiera. Querer un mundo mejor, un país mejor, es una obviedad. Quiero mirar desde el más allá sin estar muerto. Quiero remar en un mar sin aguas y llegar a la orilla deseada. Quiero que lo oceánico tenga límites. Quiero ser despedido al espacio y abrir todas la puertas de todas las jaulas. Quiero soñar que se puede y quiero que se pueda. Eso quiero, solo eso. ¿Pero a quién se lo pido?
¿Hay que creer que alguien extraterreno nos lo conceda, que lo hagan sus subalternos, nuestras creencias, los que hablaron en el pasado, un hada, un gnomo o un Papá Noel tirando de sus renos surcando cielos infinitos mientras la física cuántica desparrama sus polvos de estrellas? 
¡Nos quedamos sentados a la espera  de paz repartida en bolsas rojas, rezos, mantras u oraciones?
¡Se lo pido a él, a ella o  a los otros?
¿Y si por esta vez dejo de molestar a los dioses, a los gobernantes; dejo que atiendan otras prioridades y me lo pido a mí mismo?
Ya está, por esta única vez me esforzaré por mí mismo a construir mi mejor mundo, reconociendo la divinidad que hay en cada interior, sin olvidar que “soy, porque somos nosotros”. Una forma más consciente de interrelacionarme con la realidad buscando alguna luz que alumbre mis deseos.
Feliz 2014 para todos y que apelemos al poder de co – creación que todos tenemos para que se haga realidad lo que queremos.

Jorge Degui