2014
A veces no tengo idea del mundo
que quiero, ni lo que quiero más allá del año que va a empezar. Entonces
recurro a las recetas ya escritas de deseos y felicidades prometidas que desafiamos cada año sin comprobar si fueron
efectivas. Por eso este año nuevo no quiero nada que ya esté dicho, quiero que
me sorprenda, que me ilumine, quiero
trascender; ir más allá de un simple pedido. Quiero saber que estoy vivo, que
puedo seguir, sentir, sostener y cabalgar sobre los cuatro jinetes, si quisiera. Querer un mundo mejor, un país
mejor, es una obviedad. Quiero mirar desde el más allá sin estar muerto. Quiero
remar en un mar sin aguas y llegar a la orilla deseada. Quiero que lo oceánico
tenga límites. Quiero ser despedido al espacio y abrir todas la puertas de todas
las jaulas. Quiero soñar que se puede y quiero que se pueda. Eso quiero, solo
eso. ¿Pero a quién se lo pido?
¿Hay que creer que alguien
extraterreno nos lo conceda, que lo hagan sus subalternos, nuestras creencias,
los que hablaron en el pasado, un hada, un gnomo o un Papá Noel tirando de sus
renos surcando cielos infinitos mientras la física cuántica desparrama sus
polvos de estrellas?
¡Nos quedamos sentados a la espera de paz repartida en bolsas rojas, rezos,
mantras u oraciones?
¡Se lo pido a él, a ella o
a los otros?
¿Y si por esta vez dejo de molestar a los dioses, a los
gobernantes; dejo que atiendan otras prioridades y me lo pido a mí mismo?
Ya
está, por esta única vez me esforzaré por mí mismo a construir mi mejor mundo,
reconociendo la divinidad que hay en cada interior, sin olvidar que “soy, porque
somos nosotros”. Una forma más consciente de interrelacionarme con la realidad
buscando alguna luz que alumbre mis deseos.
Feliz 2014 para todos y que apelemos al poder de co – creación que
todos tenemos para que se haga realidad lo que queremos.
Jorge Degui
