EL EDIFICIO
Ese día me paré frente a ese edificio. El que tiene una estructura de fuertes líneas racionalistas, según creo. Un emblema arquitectónico de la ciudad de Buenos Aires; no parece que haya pasado el tiempo, se lo ve moderno y clásico. Cómo me hubiese gustado visitarlo por dentro y enterarme de su historia; si fue verdad todo lo que se contó de él. Me acerqué a una de sus puertas de entrada, casi como si fuera a ingresar, sólo para hacerme a la idea de que lo lograría. Es más, algún paseante hasta pudo interpretar que soy un habitante de la gran mole emplazada frente a la plaza.
-¡Pasá!, escuché por ahí cerca
Es increíble cómo nos traiciona la mente cuando deseamos hacer algo.
-¡Pero, pasá, pasá!, seguí escuchando
Ahí dudé un poco, me di vuelta y miré a mi alrededor. Debe ser algún conocido que me está jugando una cargada. No vi a nadie, excepto a un par de turistas británicos que pasaban ocasionalmente por ahí preguntando en un inglés muy arrastrado por la ubicación de "Florida street". Una señora les dijo: -"this is the street", y se fueron sonrientes hacia la peatonal. Me distraje con esto y decidí también visitar la calle Florida.
-¡Qué lástima, vos te lo perdés!, hoy tengo ganas de hablar con alguien, dijo la voz inubicable.
No sabía de dónde venía, pero estaba cerca de la puerta del edificio en cuestión. Revisé el acceso por si se trataba de algún micrófono con un chistoso detrás. Pero no había nada
Un misterio, una rareza que obviamente debería tener una razón. Yo no creo en misterios ni en voces que vienen del más allá y tampoco creo estar loco. No recuerdo haber sido diagnosticado con los síntomas más frecuentemente asociados a la esquizofrenia, que incluyen ideas paranoides y alucinaciones auditivas. Era una voz cercana, cascada, externa, envejecida, entre masculina y femenina. Me empecé a alterar con todas estas sugerencias que se me venían a la cabeza
-¿Quién sos, dónde estás?, pregunté sin dirección.
Me sentí torpe y algo extraño al hablarle a nadie. Me vi observado por las miradas de la vereda.
-¡Acá frente a vos, soy el edificio!, dijo la voz hueca
-Ok, todo bien. ¿Cuál es el chiste, quién sos?
-Ya te dije, soy el edificio, ¿no querías conocerme?
Yo notaba que la gente pasaba y me miraba de reojo, por lo que decidí bajar el tono:
-Decime quién sos, no me hagas hacer papelones, le dije
-Está bien, acércate a la puerta, me dijo
Confieso que me sentí ridículo, pero no encontraba razones para no ir. Me mató la curiosidad de saber quién estaba detrás de esto. Al acercarme, las puertas se abrieron. No había portero eléctrico, sólo un recepcionista. Me dirigí hacia él sin saber qué decir. Estaba leyendo el diario Clarín.
-Ni se te ocurra hablarle - dijo la voz - él sabe que tú eres un invitado mío.
A decir verdad, el señor nunca levantó la vista. Era como que yo no estaba ahí. La voz provenía del edificio, pero no identificaba por dónde salía. Decidí seguirle el juego, de hecho ya estaba adentro. Envalentonado le dije a modo de chiste:
-¡Supongo que me invitarás con una copa de champagne!
-De ninguna manera, solo tengo vino rosado, pero no tenemos tiempo y tengo mucho que contarte. No puedo llevarte a cada piso, porque son todos palieres privados, pero tengo la llave del departamento del piso 14 para que puedas ver la ciudad, el Río de la Plata, Retiro, el Puerto y la plaza. En total tengo 31 pisos y 103 departamentos de lujo, todos distintos entre sí.
Tomé uno de los ascensores, en el camino me habló de que el estilo no es solo racionalista, tiene también recortes de art decó. Que su silueta se parece a un barco con la proa mirando al río. Que ama sus terrazas ajardinadas, su cintura escalonada y su amplia mirada a 360°. Llegamos al piso 14 “A”. Se abrieron las puertas y me quedé atónito con lo que vi: un lujo extremo, finísimas alfombras, jarrones chinos, un piso brillante y amplios ventanales que desembocaban en una terraza con columnas jónicas. A esta altura de los acontecimientos, yo ya estaba de mucha plática con el edificio. Me sentía como en mi casa. El espacio me recordaba a la sensualidad que debió imperar en la Buenos Aires de principios del siglo pasado. Cinco habitaciones en suite y un comedor para doce personas. En la mesa, un cóctel de camarones y una copa de vino "rosé crean", una perfecta sincronía que excedía lo cromático. Me llamó la atención un velador antiguo, tipo hongo, de color rojo que se amalgamaba mágicamente con la luz que se descolgaba de la araña central. Me senté para disfrutar el momento. Creo que fue ahí donde me di cuenta que estaba solo. Totalmente solo. La voz ya hacía rato que había callado. Lo primero que pensé sería decir que me dejé llevar por una voz interior, pero no era interior. Por alguien que no sé el nombre que me hizo subir, pero para qué. No sabría describir a la persona, ni a nadie. Decir la verdad, que me invitó el edificio; me tomarían por loco. Me invadió una desesperación absoluta ante lo injustificable de estar en el piso 14, el más caro de la Argentina, una propiedad privada que ni siquiera sabía quiénes eran sus dueños. La puerta estaba cerrada, las terrazas altísimas y no podía llamar a nadie de afuera: ¿cómo les explicaba mi locura? Desesperado empecé a caminar por los 740 metros cuadrados, exceptuando una habitación que estaba cerrada. Sin solución, intenté abrir la puerta principal, pero seguía cerrada. Me pasé la mano por mi frente transpirada y de pronto, interrumpiendo el sonido de mis pasos escucho una gran carcajada que provenía de la habitación cerrada. La puerta estaba abierta. En un sillón rojo estilo Luis XV estaba ella sentada, con la sonrisa similar a la de La Mona Lisa. Hermosa, de pelo recogido, vestido azul de seda natural y collar de perlas.
-¡Bienvenido a mi casa, dijo con la misma voz del edificio! No me quiero ir sin dejar en claro que he construido este castillo para vengarme de todos ellos. Para taparle la mirada a esa familia patricia, que cree que la nobleza les pertenece. Piensan que pueden despreciar a una mujer sin que haya consecuencias. ¡Oponerse a una relación de amor, eso es violencia!
Noté que la luz que entraba de afuera la hacía casi transparente, como no corpórea. Sin embargo, no me distraje un minuto y la escuché estupefacto.
-¡Los Anchorena siempre han sido iguales y seguirán siéndolo! No quiero que continúe el mito, quiero que se sepa la verdad. Y la verdad es que construí este edificio para calmar esta humillación. Ahora, ni sus fantasmas podrán ver desde los ventanales de su palacio (1) esa hermosa basílica que han construido como símbolo de poder social y riqueza. Me quitaron el amor y yo les quitaré por siempre lo que más quieren: la gloria de tenerlo todo.
Merodeando por los jardines de su palacio vi que exhiben un pedazo del caído muro de Berlín, sólo para burlarse de mí. Por eso hoy salgo a hablar.
Sus ojos se posaron en mí como dos lanzas furiosas de venganza. Me miró fijo y dijo por último:
-Tú deberás reescribir esta sentencia, matar el mito y contarle a la sociedad que nunca se puede censurar el amor por un hombre, por una mujer o por un país. Siempre alguien o el pueblo, les construirán un muro para cegarlos de libertad y despojarlos del poder. Las voces del más allá nunca se callarán y el muro de este edificio no dejará ver nunca a la Basílica del Santísimo Sacramento (2). Diles también que yo te lo dije: Corina Kavanagh (3)
Al despertar de mi desmayo, escribí estas líneas no porque crea en fantasmas, sólo para matar al mito. Las puertas estaban todas abiertas, el recepcionista seguía leyendo el diario Clarín, por lo cual salí como si nunca hubiera entrado. Creo que nadie me vio. Si pasan cerca del edificio, sin duda se verán muy atraídos por él. Y si lo quieren visitar, díganle que van de parte mía.
JLD
----------------------------------------------------------------------------------------------------------
(1). El Palacio San Martín, también llamado Palacio Anchorena, es la sede ceremonial de la Cancillería de la República Argentina, dependiente del Ministerio de Relaciones Exteriores y está situado frente a la Plaza San Martín en el barrio de Retiro de Buenos Aires.
(2)Mandada a construir por Mercedes Castellanos de Anchorena. Su estilo es ecléctico; se tomó la Catedral de Angoulême como inspiración. Está considerada como una de las iglesias más lujosas de la ciudad de Buenos Aires y la elegida para celebrar los casamientos por la alta sociedad porteña.
(3). La hermosa y adinerada Corina Kavanagh, de origen irlandés, fue calificada toda su vida como “nueva rica”. Su familia tenía mucho dinero, pero no pertenecía al grupo de aristócratas argentinos que no se mezclaban, ni aceptaban a personas con su estatus. Cuentan que por aquellos años la mujer había mantenido una historia de amor con un joven de alta alcurnia hijo de Mercedes Castellanos de Anchorena, la que se oponía tajantemente a la relación y que logró hacer que terminara.
(1). El Palacio San Martín, también llamado Palacio Anchorena, es la sede ceremonial de la Cancillería de la República Argentina, dependiente del Ministerio de Relaciones Exteriores y está situado frente a la Plaza San Martín en el barrio de Retiro de Buenos Aires.
(2)Mandada a construir por Mercedes Castellanos de Anchorena. Su estilo es ecléctico; se tomó la Catedral de Angoulême como inspiración. Está considerada como una de las iglesias más lujosas de la ciudad de Buenos Aires y la elegida para celebrar los casamientos por la alta sociedad porteña.
(3). La hermosa y adinerada Corina Kavanagh, de origen irlandés, fue calificada toda su vida como “nueva rica”. Su familia tenía mucho dinero, pero no pertenecía al grupo de aristócratas argentinos que no se mezclaban, ni aceptaban a personas con su estatus. Cuentan que por aquellos años la mujer había mantenido una historia de amor con un joven de alta alcurnia hijo de Mercedes Castellanos de Anchorena, la que se oponía tajantemente a la relación y que logró hacer que terminara.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario